Por Enrique Pfaab

Posiblemente todo, la vida toda, tenga el único sentido de cumplir con un acto de locura, o de cordura, vaya uno a saber. Lo importante es ese acto único, supremo, aquel que le da sentido a la vida y que se lleva adelante por un impulso que nace de las tripas, sin lógica, o solo con lógica. Como el Quijote.

Por un impulso como ese, por dos impulsos si bien se mira, el mendocino Diego Lizarraga (38) estableció una marca mundial este 10 de enero. Llegó a la cumbre del Aconcagua y allí, como la lanza del Quijote, levantó una antena y realizó la primera transmisión de radio en HF, siendo ahora la que se logró a mayor altura en el planeta. Además transmitió también en VHF y en UHF, conectándose desde la cumbre del Coloso de América con una gran cantidad de radioaficionados, especialmente de Chile y Argentina.

Diego es profesor de Educación Física, vive en Rivadavia (Mendoza) y está en pareja con Laura hace 6 años. «Nuestra hija, por ahora, es una perra labradora», dice, cargándose el enojo del Papa Francisco. Tiene también madre y hermana y sostiene que «mi familia siempre me apoya en todo esto».

El gusto por el montañismo no se le despertó hace tanto, recién en 2016. Y ser radioaficionado vino después, casi por añadidura, cuando «me di cuenta lo útil que podía ser tener algún handy en la montaña, donde no hay otra forma de comunicación».

-Pero los radioaficionados, en esta época de Internet, están desapareciendo, ¿o no es así?-

-Si, las nuevas tecnologías hace que parezca que tienda a desaparecer. Pero, en algunos momentos y en algunos sitios, la radio es insustituible, fundamental. En la montaña, por ejemplo, y en situaciones de catástrofes. Por eso yo siempre tengo mis baterías cargadas.

En el Aconcagua, por ejemplo, la última posibilidad de conectarse a Internet es en Plaza de Mulas y hay que pagar 20 dólares para acceder.

Diego es LU9MZO para la radioafición. En 2018, cuando aún no estaba dentro de ese mundo de apasionados por las radiocomunicaciones, hizo cumbre en el Aconcagua por primera vez. Después, y luego de hacer los cursos necesarios y obtener la licencia y el carnet correspondiente, se le ocurrió el desafío de llegar hasta ese mismo lugar con un equipo de radio y transmitir desde allí, especialmente en HF, ya que nadie lo había intentado aún en el mundo.

Se incorporó a Summits On The Air (SOTA. Cumbres en el Aire), un programa internacional que promueve la operación de radioaficionados desde las cumbres. «En el Himalaya no se puede operar, entonces la cumbre más alta posible era la del Aconcagua y no se había hecho nunca. Un grupo de rumanos y polacos lo había intentado antes, pero no lo había logrado. Y allí surgió el desafío.

Hubo un proceso de entrenamiento en el que Diego hizo cumbre en varios cerros mendocinos, para ir adaptándose. Y también una preparación técnica. Además, para fijar la fecha de la expedición, había que contemplar el clima. «Necesitaba hacer cumbre en el Aconcagua un día perfecto, despejado, de buen clima, sin viento, un día soñado», dice.

Fue una expedición en solitario. Diego cuenta que, aún así, «tengo mucha gente conocida en el Aconcagua que estuvo atenta a mí y me preguntaba cómo estaba».

El 2 de enero ingresó al Parque Provincial Aconcagua. El 10 al mediodía hizo cumbre y a las 13.07 los radioaficionados captaron el grito «¡Cumbreeee!», de Diego, que comenzó a transmitir en VHF, hasta las 13.10. «Estaba apurado, porque quería montar la antena y transmitir en HF, que era el objetivo». Una caña de pescar fue la antena. Como la lanza del Quijote. A las 13.11 hizo el primer contacto. Y después también transmitió en UHF. Fueron casi medio centenar de de comunicaciones con radioaficionados de Chile y Argentina. Incluso un grupo de chilenos se había instalado en la localidad de Los Andes para poder comunicarse con Diego.

«Transmití hasta las 13.27. Y, como lo había deseado, el día estaba ideal, perfecto», dice.

Diego Lizarraga, o LU9MZO, salió del Parque Provincial Aconcagua el 12 de enero. Llegó a su casa el 13. Todos sus minutos en la cumbre más alta de América están registradas en un video que él grabó y del que está rescatando todas las especificaciones técnicas de la experiencia.

Diego rescata la importancia que aún tiene «y tendrá siempre», la red de radioaficionados, especialmente para situaciones de emergencias y catástrofes. Chile tiene muy bien aceitada esa red. Argentina ha perdido esa costumbre y ahora solo depende de la pasión y buena voluntad de los que ejercen ese hobby.

Más allá de todo, Diego ya es parte de historia.

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