Por Enrique Pfaab

La estatua que honraba a un esclavista En este enero sofocante si uno dice “Bristol” a la mayoría se nos viene a la mente una playa marplatense atestada de gente. Pero resulta que Bristol también es otra cosa antes que eso. Es una ciudad del sudoeste de Inglaterra, durante muchos años la segunda más importante después de Londres. Pero también Bristol es el nombre de 17 ciudades, pueblos y condados estadounidenses, nombre que muchos tomaron de aquella ciudad del Reino Unido.

La historia de esa Bristol inglesa cuenta que su prosperidad económica fue entre 1600 y 1800 ya que fue centro del comercio de esclavos a América. Más de 2000 barcos partieron del puerto de Bristol hacia África occidental cargados de bienes manufacturados que allí cambiaban por esclavos. Después se dirigían con su carga humana hacia América y los cambiaban por cargamentos de azúcar para abastecer a Europa. Bristol fue una ciudad próspera durante esos 200 años y algunos amasaron grandes fortunas.

Uno de esos ricos, el más importante tal vez, fue Edward Colston que, se estima, llevó a América unos 80.000 africanos. La historia oficial solo lo califica (irónicamente) como un filántropo, que construyó escuelas, iglesias, hospitales y hospicios. Muchas escuelas, edificios públicos, calles y plazas llevan el nombre de Edward Colston en Bristol y en las escuelas se celebra el Colston´s Day, el 13 de noviembre.Una estatua recordando su figura fue erigida en 1895 junto al canal que lleva al mar, en la zona central de la ciudad y la leyenda que la acompañaba solo hacía referencia a su filantropía. Nada se decía el origen de su fortuna. Pero hace unos años, pocos, esto comenzó a cambiar aún a pesar del sector conservador de la sociedad británica.

Desde 2017 algunas organizaciones y escuelas que llevaban el nombre Colston comenzaron a tomar consciencia de lo que significaba llamarse así y comenzaron a rebautizarse. Incluso en abril de 2018, el alcalde de Bristol ordenó que se retirara un retrato de Colston de su oficina, diciendo que no se sentiría «cómodo compartiéndolo con el retrato» y resolvió que sea ubicado próximamente en un futuro Museo de la Abolición.

Durante los últimos años la estatua de Colston, en donde se lo muestra en una actitud pacífica y casi melancólica, fue objeto de pintadas y otros actos similares, para que se recuerde su pasado esclavista. Incluso hubo un pedido formal para que, en la plaza al pie del monumento, se mencione este pasado y no solo aquel de benefactor. Pero este pedido no prosperó.

Finalmente el 7 de junio de 2020 la estatua fue derribada y lanzada al canal por manifestantes del movimiento internacional Black Lives Matter (Las vidas negras importan). Horas después un grupo neonazi intentó rescatarla sin éxito. Después las autoridades locales hicieron montar un operativo, la sacaron del fondo del canal y la ubicaron, tendida y aún repleta de grafitis, en un museo local, donde todavía espera que se resuelva su destino final.

Pero la historia no termina ahí, todo lo contrario. Se pone aún más interesante. El Estado promovió acusaciones contra los manifestantes y las apuntó a cuatro de ellos, a quienes pudo identificar: Acusó a Sage Willoughby de ser quien trepó por la estatua y atarla con una soga por el cuello. A Milo Ponsford y Rhian Graham les endilgó ser quienes comenzaron a tirar de las cuerdas y hacer caer el monumento y acusaron a Jake Skuse de ser quien animó a la gente a hacer rodar la figura por la calle hasta hacerla caer al río.

Los acusados, que fueron nombrados por los medios como “Los cuatro de Colston” y que inevitablemente serán película o serie de Netflix tarde o temprano, fueron llevados a juicio. Este 4 de enero un jurado popular decidió absolverlos, por 11 votos a 1, fallo que generó un fuerte rechazo de los conservadores.

Incluso el primer ministro, Boris Johnson, criticó la decisión, diciendo que “el legado histórico británico es complejo y refleja nuestra historia en toda su diversidad para bien y en su realidad, pero lo que no se puede hacer es reescribir retrospectivamente nuestra historia. Es como si alguien quisiera editar Wikipedia. Está mal. Tenemos que preservar nuestro legado histórico, cultural y artístico», dijo.

El juicio, cuyos detalles pueden leerse en estos enlaces de la página de la Asociación Argentina de Juicio por Jurados (http://www.juicioporjurados.org/…/jury-nullification-en… y http://www.juicioporjurados.org/…/estuvimos-en-el…) marca todo un precedente.

Mientras tanto, en la Bristol de Mar del Plata, los paseantes se siguen sacando fotos con las esculturas de los lobos marino y en otras plazas del país se sigue debatiendo si las estatuas que las adornan son dignas de estar allí.

Enrique Pfaab

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