Por Enrique Pfaab

(Fotos: Marcelo Roux)

Lo importante es el ritmo, mantenerlo. Tum tum, tum tum. Sístole y diástole. El resto, el resto viene después. Mantenerlo a toda costa, como si fuera un mandato del Olimpo. Aferrarse a él como si fuera una viga flotando en el mar, como si fuera un hijo, un padre, una última canción. Solo mantener el ritmo. Es como mantenerse vivo.

Este sábado (18 de diciembre, a las 21, en el Centro de Congresos y Exposiciones Francisco, de San Martín) la Escuela de Niños Bateristas Mendoza, de Marcelo Fortunato, realizará su 9na muestra anual. No será una más, más allá del mérito de la perseverancia. Se celebrará el haber mantenido el ritmo de la vida. Tum tum, tum tum.

Ya han pasado más de 100 chicos por la escuela de Marcelo Fortunato.

Este año habrá 17 bateristas de la escuela, desde 8 hasta 18 años y tres adultos. “Entre los dúos, tengo por ejemplo una mamá con su hijo, que van a interpretar Boulevard de los sueños rotos, de Green Day. Otro dúo está formado por los dos alumnos ´más viejos´, de 13 y 11 años, que me acompañan desde hace más de 6 años. También está invitado a tocar el primer alumno que tuvo la escuelita: Agustín González, hoy de 19 años y que, gracias a Dios ¡es baterista!”, dice Marcelo.

Además, habrá músicos invitados. “La cantante Valentina Grattón, Anuar Manzur, en bajo, Roberto Baigorria, en guitarra, y Paulo Patuleco Giorgi, en guitarra, van a acompañar a los niños en la última canción”, detalla el profesor.

Muestra 2019 (Foto: Marcelo Roux)

Mucho más que un final de año

Pero lo que ocurra este sábado sobre el escenario será mucho más que la conclusión de una etapa de enseñanza. Incluso será mucho más que un acto artístico. Será un festejo a la vida. Un repiquetear de latidos.

“La muestra de este año va a ser muy especial”, reconoce Marcelo, porque “estuve internado más de 65 días por Covid. Más de un mes en el hospital del Carmen, donde me salvaron la vida ya que tenía un panorama muy malo de sobrevida. Tuve una traqueotomía y estuve en coma intubado 18 días, con pronósticos que cambiaban en menos de 24 horas. De ahí, pasé a una clínica de rehabilitación (San Andrés), a la que llegué temblando, respirando con máquina, sin caminar y sin hablar”, cuenta.

“Si me preguntan a quién le dedico esta muestra en especial, no dudo en decir que a esos médicos, enfermeros y kinesiólogos que me devolvieron a la vida”, dice.

El agradecimiento es más amplio aún. Marcelo dice que “hay algo más allá de la ciencia que es difícil de explicar, pero puede definirse en algunas palabras: Fe, oración, fuerza de mi núcleo familiar y amigos, Fernanda, mi compañera de vida, el Padre Leo, grupos de Reiki y metafísicos. Todos y cada uno de ellos.  Cuando volví a mi casa en abril, contesté personalmente más de 1500 mensajes de gente que preguntó, oró, se preocupó y lloró por mí; algunos sin conocerme siquiera”.

11 años

Marcelo Fortunato repasa la historia de la Escuela de Niños Bateristas, la primera en Mendoza. “Hace más de 11 años decidí dar clases en mi casa del barrio MEBNA. Un día, buscando como dejar de perder dinero con la música, decidí buscar un segmento que nadie había explotado: los niños. Encontré un trabajo maravilloso, que era enseñar arte a los más chiquitos. Siempre digo que es el trabajo más lindo del mundo”.

Luego cuenta que “hace 9 años que empecé a mostrar públicamente lo que iban aprendiendo los niños. Organicé una muestra /recital con otro profesor de San Martín y juntamos los alumnos. Fue el comienzo de algo hermoso. Tuve muchos inscriptos ese año. Empecé con cuatro alumnos y dos invitados y al otro año ya tenía 16. En toda la trayectoria de la escuela suman más de 100 niños que han pasado por aquí. Algunos llegaron a ser bateristas o tocan otro instrumento.  Todos amantes de la música. Eso es lo importante”.

El profesor repasa: “Los chicos aprenden ejercicio, música, lecto-escritura musical básica y después de las vacaciones de Julio empezamos a preparar las muestras que es en definitiva lo que los niños esperan: tocar ante público. Las primeras dos muestras fueron en el Paseo de la Patria, después en el Templo del Vino, en el en el IEDyT, dos veces en el Centro de Congresos y Exposiciones “Francisco”, Cine Colón de Palmira y la última fue virtual por la pandemia. Este año volvemos al Centro de Congresos, que es el escenario que más nos ha gustado”.

Cuenta que “todas las muestras tienen algo original; esta vez, tocaremos canciones a dúo con dos baterías y terminaremos tocando con todos los alumnos juntos una canción sanmartiniana de Fernando “MIMI” Orozco: ´Canción de Mario´”.

La entrada es gratuita, como siempre ha sido en cada muestra, pero “pedimos que lleven un alimento o golosina navideña, como budín, pan dulce, garrapiñadas, turrones, para colaborar con un merendero de Palmira al que ayudo junto a mis amigos del Club Tacurú”.

Este sábado no será cualquier sábado. No será una muestra más ni un toque más. Será un instructivo para entender cómo se mantiene la vida. Todos juntos, manteniendo el ritmo. Tum tum, tum tum. Sístole y diástole. Todos juntos.

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