Por Enrique Pfaab

(Fotos: Familia Temis Dotta)

“Ingresé al ferrocarril cuando todavía estaban los ingleses”, dice, aún conservando la euforia de poder haber vivido hace unas horas el regreso del tren a ese andén en dónde lo esperó por 30 años.

Héctor Paulino Dotta, a quien todos en Carhué llaman “Pichón”, tiene 90 años, una mente lúcida y un carácter amable, afectuoso. “Si llega a venir a Carhué, ¡no se olvide que acá hay un amigo que lo está esperando!”, le dice al periodista de El Búho mientras transcurre la entrevista.

El reencuentro entre Pichón y el ferrocarril se produjo este último sábado, en el andén de la estación de esta localidad bonaerense. Allí arribó la formación del “Tren Solidario”, una iniciativa del multimedio ferroviario Rieles y las áreas jóvenes de la Unión Ferroviaria y el Sindicato La Fraternidad, que desde hace 20 años han recorrido 41 localidades del país, en campaña solidaria y promoviendo el retorno del tren.

«Primero estuvo en Villa Iris», dice Héctor Paulino Dotta que, como dice él, comenzó a trabajar en ferrocarriles en 1946, «cuando todavía estaban los ingleses». La nacionalización de los trenes se produjo justamente entre ese año y 1948, por acción del gobierno de Juan Domingo Perón.

«Después me vine a Carhué, en el año 52, y me jubilé en 1991. Estuve 30 años en la boletería de la estación», cuenta, mientras recuerda que Carhué era un punto turístico muy buscado, debido a las aguas termales del lago Epecuén, sobre cuya orilla sureste se levanta este pueblo de un poco más de 16.000 habitantes, según el Censo 2010. «Venía mucha gente», recuerda.

Con 5 hijos y 9 nietos, Pichón es un hombre feliz. Vanina Temis Dotta, una de sus hijas, cuneta sobre la experiencia vivida el sábado:

-Él, con sus 90 años y 45 de ferroviario, espera en el andén la llegada del tren, cargada su alma de historias, propias y ajenas, cargada de emociones y sueños. Después de 30 años de vías vacías, volvió a sentirse su bocina en la vieja estación de Carhué. Mi viejito, con lágrimas en su mirada, lo recibió como tantas veces, anotando en su cuaderno el número de la formación y sus vagones. ¡Su sueño se hizo realidad!

Y don Pichón se reconoció «emocionado por ver tanta gente en la plataforma, esperando el tren que venia».
Aún así, aceptando que «la emoción fue grande», afirma que «me repuse, porque uno está en su pueblo».
Cuenta que «sacamos muchas fotos, fue un momento muy agradable. Estar sentados ahí, en la plataforma. Ir caminando hasta el sector de encomiendas… cruzar a la oficina de cargas… Dicen que soy medio amargo, que no me emociono así nomas, pero ver tanta gente y que todos te saluden…».

Elena (87) es la esposa de Héctor Paulino Dotta. Ella también recuerda esos años de bonanza ferroviaria. Y también se alegra con la alegría de Pichón. Ambos han tenido toda una vida ligada al tren. Ese, que volvió a aparecer por esa vía que parecía definitivamente muerta, pero que ahora parece haber revivido. Al menos este presagio de retorno ya ha valido la pena. La felicidad de don Pichón ya lo justifica.

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