Por Enrique Pfaab

«No funca», decía mi viejo cuando algo no funcionaba. Lo que no funcaba podía ser el Rastrojero, la bomba de agua, mi conducta infantil, cualquier cosa. «No funca» era la irremediable sentencia de que algo no andaba como debía o, simplemente, no andaba.

Resulta que funcar es un verbo intransitivo que hasta la Real Academia Española se toma el tiempo de conjugar, pese a que solo es de uso coloquial en Argentina y Uruguay, y algunos dicen que también en Chile y Perú.

La definición es simple. Funcar: funcionar / ir bien. Entonces, claramente «no funca» es «no anda». Ni para atrás anda.

Mi viejo la usaba seguido, pero también muchos de la edad de él. Y, claro, los niños también la usábamos por imitación. Pero el paso del tiempo es injusto y se lleva la infancia, las alegrías simples, a los viejos y algunas palabras. Hace mucho que no escucho el verbo funcar en ninguna de sus conjugaciones. Funcar se fue vaya uno a saber dónde junto a palabras maravillosas como «macanudo», por ejemplo, que de tan magnífica merecerá una columna aparte en algún momento.

Todo esto de la palabra «funca» viene a cuenta solo porque es la que mejor encaja para contar una secuencia de situaciones que tienen una relación directa con esto: para muchos viejos la tecnología actual no funca. Y no funca simplemente porque no la entienden y, cuando logran entenderla, a las tres semanas deben volver a tratar de entenderla gracias a las maquiavélicas actualizaciones constantes de la tecnología de estos tiempos. Yo mismo, que todavía no he llegado a la edad compleja de los 70, 80 y más (no falta mucho porque los años se van en un periquete), quedo desactualizado cada dos por tres y me cuesta entender como funcionan las cosas, incluso esta misma de la comunicación digital.

Contaré aquí, sin agregar ni una coma, lo que me ocurrió hace no tanto tiempo, cuando atendí algunas llamadas a mi teléfono celular.

Primer llamado:

Mujer: «¿Doctor Gandolfo?»

Yo: «No, señora»

(corta)

Segundo llamado, unos minutos después:

Mujer: «Hola, ¿quien habla?»

Yo: «Enrique».

-«Ahhh! Hola, doctor, soy la Negra, la mujer de Santilli»

-«No, señora, no soy el doctor Gandolfo».

-«Ahhh! Disculpe…¿Está seguro que usted no es el doctor Gandolfo?»

-«Si, señora, estoy seguro»

-«Ahhh!, Porque capaz que es, pero no me quiere atender…»

«Estoy seguro, señora».

(corta)

Tercer llamado, 15 días después

Mujer: «Hola, ¿Quién habla?»

Yo: «Enrique, ¿y ahí quien habla?»

-¡Hola, doctor! Habla la Negra, la señora de Santilli.

-No, señora, ha marcado un número equivocado.

(Silencio y cuelga)

Vuelve a sonar el teléfono a los 15 segundos

-Hola, ¿Quién habla?

-Enrique, señora.

-¡Hola, doctor! Habla la Negra, la señora de Santilli.

-No, señora, no soy doctor.

-Pero ¿usté no me dijo que era el doctor Gandolfo?

-No, señora, yo le dije que me llamo Enrique.

-¡Por eso…!

-Mire, señora. Me llamo igual que su doctor, pero no lo soy. Usted debe haber agendado mal, por algún motivo.

– ¡Ahhh!, pero, ¿usté no es Gandolfo? Yo soy la Negra,… ¡la señora de Santilli!.

-No, señora. No soy.

– Bueno, no sé qué pasa con estos teléfonos, disculpe!

Tuuut,…tuuut,…tuuuut

Cuarto llamado, dos semanas más tarde

Mujer: “Hola, ¿quién habla?”

Yo: -Enrique …-

-¡Hola, Enrique! Habla la Negra. ¿Te puedo hacer una pregunta?

-Si.

-¿En el otro ojo me va a pasar lo mismo que lo que me pasó con este?

-¿Usted con quién quiere hablar?

-¿Usted no es el doctor Gandolfo?

-No, no soy.

-¡Ahhh! ¿usted es el mismo señor del otro día?

-Si

-¡Me cago en la mierda!. No sé qué pasa… Discúlpeme.

(Cuelga)

Quinto llamado, 30 segundos después

-“Hola, ¿quién habla?”, pregunta la Negra, la famosa mujer de Santilli.

– Enrique.

-¿El mismo de recién?

-Si

– Uh! ¿Usted sabe por qué lo llamo siempre a usted y no puedo hablar con mi oculista?

– Debe tener agendados dos Enriques. Uno soy yo y el otro es su oculista.

– Pero…¿su teléfono es 0263…?

-Si

-Entonces no sé. Discúlpeme. En un rato llamo al fijo de su consultorio…”

Y corta

Ha pasado tiempo de esto. La Negra no ha vuelto a llamar. Estoy preocupado por ella y su marido. Y también por el doctor Gandolfo.

2 comentarios en «Esos teléfonos que no funcan (o «No soy el doctor Gandolfo»)»
  1. Macanudo relato. A mi viejo, le decían Macanudo sus compañeros caribeños, le decían Macanudo, porque como argentino, tenía esa palabra a flor de boca. Pagaba el apodo, en el Caribe tiene otra acepción principal Je Je.
    El Macanudito

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