Por Marcelo Fortunato

Domingo. Debe ser 1980. Apuramos la sobremesa del almuerzo. Ravioles en familia. Cerca de las tres de la tarde ya, decidimos en qué auto vamos a la cancha. Yo palpito el entusiasmo de mi papá y la ansiedad por llegar a la platea. Mi mamá me busca la camiseta, el pantalón y las medias negras del Atlético Club San Martín. Escucho nombres como Tamagnone,… Barroso,…Monárdez. Los conozco, pero no los tengo en las figuritas. Antes de salir hacia la calle Lavalle convenimos con mi papá: yo me porto bien, él me compra coca y choripán.

Mi papá Vito y mi tío Pepe (buenos mediocampistas de los `70) hablan siempre de los doce penales que tiró Rubén Ambroggi en aquél partido y en que metió once. De la marca del “chupete” Márquez… que era “insobornable”. De las rodillas arriba cuando salía el gringo Reggi a cortar en el área chica y de la alegría que daba ver jugar a Trama y Miori juntos.

Son los años dorados de San Martín. Cientos de socios. Miles de personas en la tribuna, los Leones del Este y nuestro club participando en los campeonatos nacionales de 1967, 1969, 1971, 1972, 1973, 1974, 1976, 1978, 1980. Es el equipo que enfrentó a Boca en seis oportunidades; ganó tres y empató tres. Es el equipo que le jugó de igual a igual al Huracán de Menotti; con Carrascosa, Houseman y Brindisi.

Hasta ahí llegan mis recuerdos, después no le di oportunidad al fútbol. Y el fútbol no le dio oportunidad a San Martín tampoco. Cayó el club en un abismo del cual no se recuperó nunca. La comidilla de la calle asegura que algunos jugadores, dirigentes, empresarios y políticos colaboraron con esta condena de pasar de estar entre los cuatro mejores de Argentina (como en el ‘76) a ser lo que somos. Sólo nos queda la hinchada y algunos socios.

Treinta años más tarde comienzo a entender el valor que tiene el club para esos socios -como mi viejo y mi tío- y mil sanmartinianos más, que todavía y a pesar de todo, le ponen el hombro.

El club de la ciudad de los 140 mil habitantes, terminó en el vergonzoso descenso de descensos y 290 socios. Pero la esperanza está intacta. En cualquier momento despertaremos de este letargo y resurgiremos de las cenizas, como el ave Fénix.

Un comentario en «Como el Ave Fénix»

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