Por Macedonio Demisec

Y de repente la cultura –las páginas de cultura, las notas de cultura, los periodistas culturales- desaparecieron de los medios. ¿Cuándo fue? ¿Por qué no me avisaron? ¿Quién tiene la culpa? ¿Era necesario? ¿Servían para algo? ¿Los sacaron por nadie les ponía un like? ¿Por aburridos? ¿Le importaban a alguien? ¿No es un fenómeno relacionado con la globalización, algo que está pasando en todo el mundo? ¿”Y, que, acaso no estamos en el mundo?”, como se preguntaba, Di Benedetto en el cuento Caballo en el Salitral.

¿En qué momento –nadie me avisó, estaba anestesiado, estaba en cualquiera- me empezaron a timar? ¿Cuándo fue –no me di cuenta, estaba distraído pensando no en caballos sino en burros volando, en bueyes perdidos- cuándo fue que me vendieron gato por liebre? ¿Cuándo fue que cambiaron las críticas de cine de los jueves por “las 5 mejores series de terror” (con comentarios copiados de internet)? ¿Cuándo fue el primer día que entré en una librería –debe haber sido en una de esas cadenas que parecen farmacias- y en el mesón estaban mezclados los best-seller, con los libros de autoayuda, y los libros del último premio Nobel que casi nadie conoce? ¿Cuándo –en esta “pobrecita tierra de los medanales” (vuelvo a citar a nuestro más célebre escritor que ni siquiera tiene una calle con su nombre)- decidieron sacar los troles sin considerar que eran parte de la cultura, de nuestro color local?

¿En qué momento decidieron hacer un museo Carlos Alonso sin un puto cuadro de Alonso, cuando el pintor deseaba ceder algunas de sus alucinantes obras? ¿En qué momento –cuándo fue, ¿yo estaba de vacaciones en Miami?- cuándo fue el día en que pusieron piletas de natación de plástico en la “playa” (de estacionamiento) del Le Parc y dejaron sola, abandonada, a esa magnífica bola roja que cuelga del techo, ignorando su belleza y sin saber, siquiera, que vale unos 200 mil dólares?

¿En qué momento algunos bodegueros decidieron abrir las puertas de sus establecimientos a los artistas visuales, eso sí, con la condición que no expongan obras con desnudos o con temas políticos o religiosos? Debo haber estado ebrio, no sé cuándo pasó todo esto. ¿En qué momento, los artistas visuales aceptaron a falta de una crítica, que sus obras se vean como bellos fondos de las fotos de sociales de la high society local?

¿En qué momento los artistas locales –a falta de algún tipo de mercado- aceptaron participar gratis en cualquier tipo de evento en los que todos cobran, menos ellos? ¿En qué momento mezclaron Cultura con Turismo como quien mezcla tinto y blanco para obtener un rosado trucho?

¿En qué momento las ferias de libros se llenaron de música y músicos y se vaciaron de libros y escritores? ¿En qué momento la palabra escrita perdió espesor y los escritores pasaron a ser protagonistas de videítos y podcast?
Todo esto, ¿cuándo empezó? ¿Es un complot de negacionistas o súbditos de la Secta de Las Verdades de la Milanesa?

¿En qué momento, -hecha la ley, hecha la trampa-se me ocurrió poner de título a estos apuntes del presente (o del pasado) “Messi, Maradona, Di Benedetto, Alonso y Le Parc”. para que los algoritmos de Google me tengan en cuenta?
¿Está mal? ¿No puedo?

Yo también quiero ser un actor de la globalización. Escucho a Billie Eilish, tengo Netflix y compro por Mercado Libre juguetes sexuales de Hong Kong, como todes. ¡No nos dejen afuera!

Un comentario en «Maradona, Messi, Di Benedetto, Alonso, Le Parc o la verdad de la milanesa»

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